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Amor, impaciencia y rutina… ¿libertad?

Posted in General, Visiones de la vida with tags , , , , , , , , , , , , , on febrero 14, 2008 by lostsilentwind

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Tantas veces hemos creído amar en nuestra vida, que a estas alturas ni siquiera estamos seguros de si todo eso ha sido un sueño. No sabemos si volveremos a amar alguna vez, o incluso dudamos de la existencia del susodicho “amor”

Sin embargo, cuando hemos tenido ese extraño sentimiento también hemos sufrido ahogados por cientos de dudas, probablemente más que cuando no estábamos enamorados.

-La obsesión.

¿No es cierto que, en la primera etapa, te preguntaste cientos de veces si esa persona compartía tus sentimientos? Sí, todos nos lo hemos preguntado tantas veces en la vida, muchas de ellas sin darnos cuenta de que estamos tan ciegos y queremos ser tan exigentes que no notamos que esa persona definitivamente nos ama. Después nos quejamos en el momento en que él o ella se cansa y nos da la espalda en busca de alguien más, dejándonos con el corazón destrozado y a merced de una situación irremediable.

-El temor.

Algunas personas afortunadamente se ven libres de esto, pero la mayor parte sufre más de una vez de terribles celos por cosas insignificantes, como si pretendiéramos que nuestra pareja -o peor aún, si ésta aún no lo es- pasara cada instante de su vida pensando en nosotros. Eso es imposible, y si alguien se ve forzado a pasar demasiado tiempo con una sola persona, esto solo le va a empujar y a alejar con gran velocidad de cualquier sentimiento positivo. Esto es algo que todos deberíamos entender; si alguien te ama no va a necesitar cadenas para permanecer atad@ a ti.

-La rutina.

Probablemente la etapa más terrible y difícil de superar en cualquier relación. El aburrimiento nos encara como un enemigo sutil e invisible que se apodera de cada momento y cada sonrisa forzada, impidiéndonos discernir el momento exacto de su llegada. ¿Cómo saber si ya hartamos a la otra persona, si estamos siendo demasiado agobiantes? ¿Se trata de hablar todos los días o hay que tomar un descanso? En mi opinión, los descansos son necesarios, siempre y cuando se sepa cuando tomarlos. Nunca hay que presionar ni cansar a la otra persona; siempre hay que dejar un tema, una palabra, algo para la próxima vez. Pero, contrariamente a lo que muchos puedan pensar, un descanso en un momento inadecuado puede ser mortal y llevar a una ruptura catastrófica producida por la indiferencia. Si alguien nos necesita y está dispuesto a hablar con nosotros, hay que estar ahí. Nunca dejes que ese alguien se canse de esperarte y se de cuenta de que no te necesita para nada.

-La impaciencia.

Quizá no me equivoque si me atrevo a decir que este es un enemigo tan mortal como la rutina. El momento más difícil de tolerar es aquél en el cual debes considerar a tu orgullo propio y reflexionar si una reacción rápida es lo necesario, o lo mejor es esperar algunos minutos, horas o incluso días. Si tu novi@ no te llamó para saber cómo habías llegado a casa después del cine, no, no es necesario llamarle por teléfono esa misma noche. En cambio si crees que pudo haber un malentendido lo mejor es aclarar las cosas cuanto antes, para impedir que el problema crezca y -peor aún- se oculte detrás de una máscara de frágil indiferencia.

Aún así, es un grave error el querer juzgar a todos de la misma manera, por lo cual las anteriores palabras son tan solo pueden ser vagamente acertadas.

Al fin y al cabo, todos estamos enamorados del amor, como una persona me dijo un día. Y es ahora cuando una triste pregunta viene a mi cabeza: si dejamos que el amor ocupe un lugar en nuestra vida ¿en dónde queda la libertad?

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La evolución de la amistad

Posted in Verdades del mundo, Visiones de la vida with tags , , , , , , , , , , , , , , , on octubre 18, 2007 by lostsilentwind

Amistad

De la infancia a la adolescencia… y a la “madurez”. Seguramente has notado cómo, conforme crecemos, nuestras amistades se vuelven más frías y difíciles de mantener, la hipocresía abunda y la envidia acecha a la vuelta de la esquina. En mi opinión, de esto tienen la culpa tres cosas: la sociedad, la familia, y nosotros mismos.

 

Cuando éramos pequeños, (sí, lo engendros latosos e hiperactivos) no teníamos deseos de competir, no conocíamos la envidia (quizá deseáramos el juguete de otro, pero era un sentimiento sano) no nos preocupaba ser más guap@s que todos ni tener más dinero que nuestros amigos. Podíamos llegar con un grupo de niños y simplemente comenzar a charlar; en cinco minutos ya teníamos una bonita amistad.

 

Pero con el tiempo aprendimos que lo importante era el dinero; también la “belleza” y el éxito social. Aprendimos a seguir modas, a tener novi@ sin necesidad; porque la sociedad lo exige (tod@s nuestros amig@s tienen) y a poner estas cosas antes que los sentimientos. Y, sobre todo, aprendimos a odiar. No a una edad definida, quizá entre los trece y los quince años, a veces antes. Por entonces comienzan a formarse pequeños grupitos discriminatorios; que si te vistes de negro o de rosa, que si te gusta cierto tipo de música, o si no tienes dinero, o si eres gordo, usas lentes, brackets, y un largo etc.

 

Ahora intenta acercarte a ellos: en primer lugar, lo haces con recelo. Si no eres parte de ellos, te mirarán con desprecio y harán como si no existieras; lo que sea para humillarte y hacer que desaparezcas cuanto antes. Si sienten envidia de ti, harán exactamente lo mismo. Si te aceptan entre ellos, ya sea porque eres muy extrovertido o eres tal como los demás (aceptable) vas a pasar buenos momentos con tus amigos, pero no te salvas de las envidias, cizañas y comentarios malintencionados a tus espaldas. Además, en tu camino va a sobrar quien invente falsos sobre ti, y lo peor de esto es que, aunque demuestres que son falsos, las dudas creadas en los demás permanecen para siempre.

 

Finalmente se acerca la edad adulta. Creciste, te volviste joven y alocado, seguramente imprudente. Cometiste errores de los que te arrepientes, te metiste en problemas, te peleaste con la familia que nunca te enseñó valores de hecho (sí, muchos discursos, pero nada de actos) Quizá te enamoraste o creíste hacerlo, pero ahora tienes mucha experiencia es eso de las relaciones: desconfías de todos (y acertadamente) no crees en nadie y juegas tu propio juego. Los grupos de amigos son más reducidos y menos íntimos. Sabes que cualquiera te puede traicionar, y probablemente tú harías lo mismo.

 

Después te casaste y tuviste hijos, porque la sociedad y la familia te enseñaron que ese era tu destino desde que naciste y ahora te lo exigen. Y no sólo eso, sino que se creen con el derecho a manejar, criticar e involucrarse con tu vida y la educación de tus hijos; porque lo que ellos dicen es lo correcto. Un día tal vez te encontraste en problemas económicos, y entonces descubriste que tus mejores amig@s te dieron la espalda y te abandonaron. Pero no hay cuidado, apenas comenzaste a recuperarte volvieron, ladinos y ambiciosos. La mayor parte de ellos (y tú) no se toleran, pero se tratan con mutua cortesía, que podría tacharse más fácilmente de hipocresía. Para colmo, lo más seguro es que estés casad@ con alguien a quien ahora detestas, y extrañas tu libertad y los “buenos días”, aunque probablemente no recuerdas que en ese entonces no eran tan “buenos”. Siempre tuvieron su lado malo; pero eras libre.

 

El día en que llega la vejez, estás acabado. Estás desactualizado (sí, eso es tu culpa), eres un estorbo y no tienes nada que ofrecerle a la sociedad, de modo que tanto ésta como tus amigos y familiares te abandonan. No importa que ellos sean iguales que tú, no importa toda la experiencia acumulada que te queda por compartir, no importa que tengas sentimientos y resentimientos, rencores por lo que no pudiste vivir y por lo que ahora no tienes. Tampoco importa que ahora, finalmente, le des tanto valor a una sonrisa, a un gesto de amistad, porque tú ya no eres una persona; eres un viejo.

 

Esto es sólo un ejemplo de lo que puede ser una vida común y corriente, aunque estoy de acuerdo en que hay personas diferentes. La menospreciada inocencia de antaño, las poses, los grupos, las pasiones y los gustos de la juventud, el placer de vestirse bien; todo se amortigua con el tiempo para convertirte en un ser cuadriculado como miles más. Pero lo peor es que, a pesar de las posibles variantes, todo acaba en lo mismo: los amigos desaparecen.

 

Por esto es que yo intento manejarme lo más inteligentemente posible con mis amistades y conocid@s. Selecciono con gran cuidado, exageración podrían llamarlo, a las personas que pueden ser verdaderamente cercanas a mí. Siempre pienso que es mejor tener un solo amigo que un millón de falsos amigos, porque con los últimos siempre estarás sol@, y en cambio puedes considerarte afortunad@ si a lo largo de tu vida cuentas con un solo amigo verdadero. Creo también que puedes encontrarle tanto en la persona más opuesta a ti como en la más parecida. Quizá en alguien a quien a simple vista jamás te le acercarías, o en esa persona hermosa y aparentemente altiva y egoísta. No lo sé, pero si lo encuentras, consérvalo junto a ti cueste lo que cueste, y sé tú un verdadero amigo para él o ella. No te arrepentirás de ningún sacrificio hecho por esa persona, pero piensa siempre que los amigos no son probados hasta que pasan por verdaderas pruebas y salen victoriosos, y eso te incluye a ti.

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